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Si tu gente no te recomienda, el mercado tampoco

Aurum CG
hace 3 días
2 min de lectura




Cuando hablamos de la imagen de una empresa, casi siempre pensamos en dos públicos: los clientes, a quienes conquistamos con un servicio de excelencia, y los accionistas, a quienes cuidamos con buenos rendimientos. Pero hay un tercer público que con frecuencia olvidamos: nuestros propios colaboradores.


Y ese tercer público tiene el poder de construir o destruir lo que tanto nos ha costado.


La historia suele repetirse. Primero crece la rotación en los niveles operativos: se va un auxiliar, luego un vendedor, luego dos personas de almacén. Y la respuesta es casi automática: "contratamos a alguien más y asunto arreglado".


Con el tiempo, el problema crece: renuncian supervisores, coordinadores, gente con experiencia. Y al despedirse casi nunca dicen la verdad. Hablan de "una mejor oferta" o de "motivos personales", porque nadie quiere quemar puentes con su empleador.



Pero el daño ya está hecho


Cada persona que se va con una mala experiencia se convierte en vocero de lo que es trabajar en tu empresa. Y hoy ese vocero no habla solo con sus amigos: también habla en redes sociales. La imagen de una empresa funciona igual que la reputación de una persona, y hoy se construye o se destruye en público.


Eso se vive cuando alguien piensa en postularse en tu empresa, le pregunta a un conocido o busca información en internet, y la respuesta es: "ni te acerques", a partir de ahí poco a poco nos damos cuenta de que cada vez llegan menos candidatos.


Y aquí viene algo que pocos calculan: mientras más dañada está tu imagen como empleador, más tendrás que pagar para convencer a la gente valiosa de venir a trabajar contigo. Porque gente, siempre vas a encontrar; pero los tiempos no están para contratar a cualquiera. Necesitamos personas con talento, compromiso y criterio, y quienes lo tienen eligen dónde trabajar.


A eso súmale el costo de la rotación: errores en el servicio al cliente, desperdicios, retrabajos y una curva de aprendizaje que, por la alta rotación, nunca termina.



¿Cómo saber si tu empresa ya tiene este problema? Hazte estas preguntas:


  • ¿Cuántos candidatos recibes cada vez que publicas una vacante, comparado con hace dos años?

  • ¿Cuánto tardas ahora en cubrir un puesto?

  • ¿Cuántas contrataciones llegan recomendadas por tus propios empleados?

  • ¿Ya revisaste lo que se dice de tu empresa en redes sociales o en las plataformas de contratación?


Hay una herramienta muy sencilla que puedes aplicar de inmediato: pregunta a tu gente, de forma anónima, "del cero al diez, ¿qué tanto recomendarías esta empresa como lugar para trabajar?". Eso te dirá más que muchos reportes.


Implementa y revisa también las entrevistas de salida del personal que renuncia. Esas personas ya no tienen nada que perder y son una fuente valiosísima de información sobre por qué están abandonando tu empresa.


Con toda esta información conocerás la imagen que tu empresa tiene en el mercado laboral y, sobre todo, podrás definir acciones concretas para cuidarla.


Si algunas de estas preguntas te incomodaron, no es casualidad: es una señal de que tu empresa necesita atención. Tus clientes compran lo que prometes, pero tus empleados conocen lo que tu empresa realmente ofrece.


"Escucha hoy lo que se dice en los pasillos, porque esa conversación ya está en las redes, y tu próximo gran colaborador ya la está leyendo."



 
 
 

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