El problema no es tu equipo
¿Alguna vez le explicaste algo a alguien de tu equipo, te dijo "sí, claro, lo entiendo perfectamente" y al final hizo exactamente lo contrario?
Antes de pensar que tienes a la gente equivocada, déjame contarte algo: probablemente el problema no está en ellos. Probablemente el problema esté en ti.
La maldición del conocimiento
En la psicología conductual existe un fenómeno muy curioso: mientras más sabes de un tema, más difícil te resulta explicárselo a alguien que no sabe nada.
Una vez que aprendes algo, tu mente ya no puede regresar al momento en que no lo sabías. Y sin darte cuenta, das por hecho que los demás piensan como tú, usan tus mismas palabras y conocen tus mismos atajos y experiencias.
Por eso, muchas veces el mejor ingeniero, el mejor contador o el mejor técnico, cuando llega a ser jefe, tiene graves problemas para lograr que su equipo haga lo que él necesita.
Un ejemplo muy sencillo
El dueño de un negocio le pide a su empleado: "Acomoda la bodega". El empleado pasa toda la tarde trabajando y deja todo perfectamente ordenado por tamaño.
Al día siguiente, el dueño se enoja. ¿Por qué? Porque él quería que se acomodara por fecha de caducidad, para que primero saliera lo que está por vencer. Para el dueño era obvio: así lo han hecho siempre. Pero para el empleado no lo era.
Si le hubiera dicho "acomoda la bodega por fecha de caducidad: lo que vence primero, adelante, y lo demás, atrás", el trabajo se habría hecho bien a la primera. Misma persona, mismo esfuerzo. Lo único que cambió fue la claridad de la orden.
"Liderar no es mostrar cuánto sabes. Liderar es traducir lo complicado en instrucciones tan claras que sea casi imposible hacerlas mal."
Para evitar caer en esta trampa, te recomiendo lo siguiente:
Explica como si fuera la primera vez. Imagina que hablas con alguien que acaba de llegar y no conoce nada de tu empresa, de tu operación ni de cómo se hacen las cosas.
Cambia los tecnicismos por palabras de todos los días. No uses términos complicados o muy propios de tu negocio si no te consta que el empleado los conoce. Muchas veces crees que ya los domina porque lleva tiempo ahí, pero para no parecer tonto te dirá que sí entendió cuando en realidad no es así.
No te saltes pasos. Cuando ya sabes cómo funcionan las cosas, es muy fácil brincar del paso tres al cinco. Por tu experiencia, tú das por hecho que el otro lo sabe, pero no es así. Explica paso por paso.
Explica para qué se hace. Cuando la gente entiende el propósito, toma mejores decisiones.
Sé concreto. Frases como "igual que la vez pasada", "como te dije la otra vez", "donde fuimos con el señor que te comenté" o "es urgente" dejan todo a la interpretación. La otra persona no recuerda cuánta gente le has presentado ni exactamente qué le dijiste. No es lo mismo decir "pronto" que "lo necesito mañana antes de las 12 del día".
Pide que te repita la instrucción con sus propias palabras. Un "sí, entendido" no es prueba de nada. Al escucharlo explicar lo que va a hacer, puedes corregir detalles de lugares, personas, formas y tiempos. Si no lo haces, la persona hará el trabajo como mejor pueda, pero el único incomprendido y frustrado vas a ser tú.
Cada instrucción cuenta
Cada instrucción confusa cuesta: tiempo perdido, trabajo repetido, clientes molestos y dinero que se va. Y cada instrucción clara se convierte en algo bien hecho a la primera, que es justo lo que tu empresa y tu cliente necesitan.
"Tu conocimiento no vale por lo que sabes, vale por los resultados que tu equipo logra con él."
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